Historia

Escudo del Conde de Altamira

Los primeros restos históricos hallados en el Concejo pertenecen al Paleolítico, y de la Edad de Bronce puede encontrarse una necrópolis tumular: O Couzogordo, en la Xunqueira. La presencia romana en la zona se deja sentir gracias a las explotaciones mineras de hierro y las auríferas, principalmente centradas en una mina (Salgueiro) en San Andrés y As Cárcovas en las proximidades de Salcido. Pero los vestigios más importantes de esta época son los tres asentamientos castreños que hay en el Concejo: El Croas del Castro, orientado a labores agrícolas. El Croas de Eilale, relacionado con las explotaciones mineras del Salgueiro, y el Castro de Salcido, dedicado a labores extractivas y de transformación.

En la Edad Media Alfonso VII de León hace una donación de territorios al Obispo de Oviedo de la que forma parte San Tirso de Abres. Sin embargo en 1172 el Monasterio Cisterciense de Meira (Galicia) se hace con la mitad de las tierras para aprovechar las buenas condiciones del terreno e instalar tres Granxas (granjas); en 1238 el Monasterio da a los habitantes del Concejo una Carta Puebla otorgándoles carácter jurídico.

En 1537 el Conde de Altamira, D. Lope Moscoso compró parte del coto de San Tirso de Abres por 672.000 Maravedíes y en 1579 Felipe II, necesitado de dinero, vendió parte de los terrenos eclesiásticos a los vecinos otorgándoles título de Villa y cédula de jurisdicción. De este modo el Concejo quedó bajo tres jurisdicciones: los vecinos, que nombraban jueces y regidores, el Monasterio de Meira y el Conde de Altamira.

Este complicado entramado de propiedades y jurisdicciones se mantuvo en el transcurso de la Edad Moderna. La autoridad Condal y la Abadía nombraban distintos cargos concejiles a los que se sumaban los elegidos por los propios vecinos el día de San Juan; al mismo tiempo tenían derecho a los diezmos de la parroquia, del que se repartían tres partes, dos partes para el Monasterio y una para el Conde de Altamira.

En el siglo XIX solo la creación de una fábrica de tejidos textiles, que daba trabajo a centenares de vendedores ambulantes, da testimonio de la industrialización. Esta situación y la gran densidad de población que había en aquel momento provocaron en los últimos años del siglo una fuerte emigración, principalmente a América. Esta situación quedo amortiguada en 1896 con la construcción de un ferrocarril que atravesaba el Concejo; este tren, puesto en marcha en 1903, transportaba hierro y mercancías uniendo las vecinas localidades gallegas de Villaodriz y Ribadeo.

A principios del siglo XX se abrieron dos minicentrales eléctricas a orillas del río Eo. Pero en las décadas posteriores el cierre del ferrocarril y las consecuencias de la Guerra Civil, que truncaron algún proyecto interesante como la instalación de una industria óptica en el Ayuntamiento, volvieron a provocar otro fuerte movimiento migratorio que produjo un rápido descenso y envejecimiento de la población. El centro del la Región (Avilés y Gijón) y los países europeos (Suiza, Alemania...) fueron en esta ocasión los principales destinos. Este descenso se ha ido frenando en las últimas décadas por la mejora de las comunicaciones, servicios e infraestructuras así como el crecimiento del Sector Servicios, impulsado principalmente por el auge de la pesca fluvial en el Eo y del Turismo Rural.